Clementina medía 18 metros de largo y tenía 5000 válvulas de vidrio.
Foto: Universidad de Buenos Aires/Reproducción
- Carlos Turdera
- Sao Paulo
"Clementina", la primera computadora científica argentina, cumplirá 50 años el próximo 15 de mayo y tal es el motivo de una serie de celebraciones que homenajean también a Manuel Sadosky, responsable del arribo de tal 'monstruo pre-informático' a Buenos Aires.
La máquina fue comprada por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) con un presupuesto de 300 mil dólares en una licitación que ganó la empresa Ferranti por sobre las competidoras IBM y Philco.
El modelo, una Mercury II, llegó a Buenos Aires el 24 de noviembre de 1960 tras un viaje en barco desde su Inglaterra natal.
Analistas calculan que Clementina era 50.000 veces menos potente que una PC actual. No tenía monitor ni teclado, por lo que recibía datos e instrucciones de procesamiento a través de tarjetas perforadas.
Memoriosos recuerdan que la máquina fue instalada en la Ciudad Universitaria de Buenos Aires, donde hubo que adecuar dos salas y un gran equipo de refrigeración para reducir el calor que emitían sus 5000 válvulas de vidrio.
Memoria de elefante
La memoria de trabajo era de 1K y tenía 4 "tambores" de memoria de 8K cada uno. Esa computadora "fue el sostén de un proyecto de vanguardia: el Instituto de Cálculo, que se convirtió en la década del '60 en un programa innovador, con una triple misión: investigación, docencia y servicio", recuerda el actual Departamento de Computación de la FCEN.
Otro aspecto por el que jamás podría pasar desapercibida era su tamaño: medía 18 metros de largo. Funcionó de día y noche y en ella se ocuparon unas 100 personas, entre las que había matemáticos, químicos, ingenieros y físicos.
"Permitió la creación del primer lenguaje de computación argentino, resolvió cálculos astronómicos, ayudó a trazar modelos matemáticos de cuencas fluviales y se empleó en problemas lingüísticos y estadísticos", recuerda la periodista Nora Bär, editoria de Ciencia del diario argentino La Nación.
¡Oh, Clementina!
En 2002, el propio Manuel Sadosky, científico y creador del Instituto del Cálculo de la FCEN, le contó al diario Clarín el motivo de su nombre: "le pusimos Clementina porque modulando un pitillo que emitía la máquina, se escuchaba 'Clementine', una canción inglesa muy popular. Después, nosotros hacíamos que se modularan tangos también. Pero le quedó el nombre".
Clementina funcionó hasta mediados de 1971, cuando su mantenimiento se hizo imposible por falta de repuestos.
El 12 y 13 de mayo se llevarán a cabo las Jornadas "Manuel Sadosky", con los pioneros de la computación científica argentina. En la ocasión habrá diversas disertaciones acerca de cómo era esa primera computadora, la aventura de programarla, cómo se calculó la órbita del cometa Halley y cómo se armaron protocolos de comunicaciones con la vieja máquina, entre otros temas.
- Terra



